Aspiramos a que desaparezca la dictadura y que Cuba
sea una nación libre, independiente, soberana y democrática
sustentada en un Estado de derecho:
Donde todos los cubanos, tanto los de adentro como
los de afuera, convivamos en armonía, porque somos un solo pueblo.
Donde se respeten los derechos humanos, de tal forma
que exista libertad de opinión, de reunión, de religión, de
asociación y de locomoción; donde los ciudadanos puedan entrar,
permanecer y salir del país libremente, sin necesidad de pedir
permiso a las autoridades.
Donde la justicia sea igual para todos y prevalezca
sobre la venganza.
Donde prime la paz, la concordia y la creatividad
productiva sobre el odio y el terrorismo de Estado.
Donde los cubanos podamos fundar o militar en
partidos políticos, asociaciones profesionales, gremiales,
religiosas, fraternales, culturales sin ser reprimidos.
Donde la ley garantice la propiedad privada y se
promueva una economía de mercado.
Donde las instituciones privadas y estatales
promuevan la justicia social.
Donde los cubanos, independientemente de su sexo,
raza o credo, tengan los mismos derechos, deberes y posibilidades.
Donde los gobernantes y funcionarios no sean impunes
ante la ley.
Donde las diferencias ideológicas se debatan en un
clima de tolerancia y respeto.
Donde los ciudadanos tengan acceso a la educación, al
trabajo y la asistencia médica y social, así como a fomentar riqueza
para sí y para la sociedad.
Donde las playas, los hoteles y centros similares no
sean exclusivos para turistas sino que también los cubanos puedan
disfrutar de ellos.
Donde se condene el narcotráfico, incluyendo el de
Estado.
Esta Declaración no contiene, por lo tanto, el
propósito de reformar el Estado comunista –vinculándose a la Ley que
establece la actual Constitución del Estado, sino su eliminación
total.