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La Habana, 18 de junio de 2008
Respuesta a Fidel Castro del
esposo de bloguera cubana
La bloguera cubana Yoani Sánchez, premio Ortega y Gasset (Generación Y),
escribió:
En ese Centro Habana de guapos* y reyertas donde nací, aprendí que hay
algunos límites que una mujer nunca debe transgredir. Me he pasado la
vida infringiendo esas risibles reglas del machismo, pero hoy –y de
forma exclusiva- voy a acogerme a una de ellas. Precisamente, a una de
las que más me desagrada. Esa que advierte: “una mujer necesita un
hombre que la represente y que saque la cara por ella cuando otro la
agrede o la calumnia”. Al sentirme atacada por alguien con un poder
infinitamente superior al mío, con más del doble de mi edad y además
-como dirían mis vecinas de la infancia- por un “macho-varón-masculino”,
he decidido que sea mi esposo, el periodista Reinaldo Escobar , quien le
responda.
Me refiero a los criterios descalificatorios que Fidel Castro ha
expresado sobre mí en el prólogo del libro “Fidel, Bolivia y algo más”.
Ni siquiera tan “magna” embestida me hace abandonar la premisa de no
entrar en el ciclo de la réplica y la autodefensa. Siento decirle que
sigo concentrada en un tema llamado “Cuba”.
Dejémosles a Reinaldo y a Fidel el lance de la pelea. Yo seguiré en mi
“mujeril” labor de tejer, a pesar de los chismes del solar, sobre el
deshilachado tapiz de nuestra sociedad civil.
¡Los guapos de mi barrio sabrán que “algo” aprendí de ellos!
*No confundir a un guapo cubano con un hombre apuesto o galán. Eso
podría costarnos una bofetada y, en el peor de los casos, una puñalada
aclaratoria.
El periodista Reinaldo Escobar , esposo de Yoani, escribió:
El ex presidente Fidel Castro acaba de publicar un prólogo al libro
Fidel, Bolivia y algo más en el que descalifica el blog Generación Y que
hace en Internet mi esposa, la blogera Yoani Sánchez. Desde el primer
día ella ha puesto su nombre y apellido (que él omite) con su foto a la
vista de los lectores para rubricar los textos que escribe con el único
propósito, repetidas veces confesado, de vomitar todo lo que le produce
náuseas de nuestra realidad.
El ex presidente desaprueba que Yoani haya aceptado el premio Ortega y
Gasset de periodismo digital del presente año, argumentando que esto es
algo que propicia el imperialismo para mover las aguas de su molino.
Reconozco el derecho que tiene este señor a hacer ese comentario, pero
me permito hacer la observación de que la responsabilidad que implica
recibir un premio nunca será comparable a la de otorgarlo, y Yoani, al
menos, nunca ha colocado en el pecho de ningún corrupto, traidor,
dictador o asesino alguna condecoración.
Hago esta aclaración porque recuerdo perfectamente que fue el autor de
estos reproches quien puso (u ordenó poner) la Orden José Martí en las
más nefastas e inmerecidas solapas que le fue posible: Leonid Ilich
Brezhnev, Nicolae Ceausescu, Todor Yivkov, Gustav Husak, Janos Kadar,
Mengistu Haile Mariam, Robert Mugabe, Heng Samrin, Erich Honecker, y
otros que he olvidado. Me gustaría leer, a la luz de estos tiempos, una
reflexión que justifique aquellos honores improcedentes que, para mover
agua de otros molinos, enlodaron el nombre de nuestro apóstol.
Es cierto que el nombre del filósofo Ortega y Gasset puede relacionarse
con ideas elitistas y hasta reaccionarias, pero al menos, a diferencia
de los condecorados por el prologuista, nunca lanzó los tanques contra
sus vecinos inconformes, ni construyó palacios, ni encarceló a ninguno
de los que pensaban diferente a él, ni dejó en la estacada a sus
seguidores, ni amasó fortunas con la miseria de su pueblo, ni construyó
campos de exterminio, ni dio la orden de disparar a quienes -para
escapar- saltaran el muro de su patio.
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