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DESDE CUBA
DE LA ASOCIACION
JURIDICA CUBANA A LA SOCIEDAD CIVIL
“Lo
que unge grande al hombre es el desamor de sí
por el beneficio ajeno…un hombre es el
instrumento del deber: así se es hombre”
José Martí
Con profundo estupor y pesadumbre, la Asociación
Jurídica Cubana ha venido siguiendo, desde hace
unas semanas, una serie de acusaciones que
conocidas personas de la oposición política
nacional han hecho contra otras también
conocidas figuras de la disidencia interna.
Estas acusaciones levantan interrogantes sobre
la probidad, lealtad y decoro de cubanos que
hasta hace poco eran referentes a los que muchos
acudieron a por consejo, protección o ayuda.
Este problema se agudiza por el momento en que
tiene lugar. Nunca antes en su historia la
nación se había visto en una situación tan
extremadamente peligrosa para su futuro:
aquellos valores que caracterizaron al pueblo
cubano se desvanecen a ojos vistas.
El buscar dinero a como de lugar, parece ser el
imperativo por excelencia. El carácter solidario
para con nosotros mismos, la palabra empeñada,
el respeto a las mujeres y a nuestros mayores,
el acatamiento de la Ley por la ley misma, la
honestidad, la hospitalidad…todo eso parece
haber desaparecido dentro del país, en tanto
crecen y proliferan sus antípodas.
En ese entorno sombrío, cientos de miles (ya
millones) de personas han adoptado una, para
ellos, única alternativa: marcharse por
cualquier vía, a cualquier precio, aún a riesgo
de la vida.
Acudir a los responsables del desastre no tiene
sentido. No poseen la capacidad real ni la
voluntad para subvertir el orden de cosas. De
ellos sólo podemos esperar lo de siempre: su
insistencia en descalificar, vilipendiar y
acusar, poniendo así un cordón “sanitario” entre
los disconformes declarados, y el resto de la
población para que no se contaminen los que
todavía vacilan o temen. Queda a la sociedad
civil cubana buscar los asideros para salir del
profundo pozo en que nos encontramos todos.
Es pues ineludible para los que quieren o dicen
representar a personas, grupos o a la sociedad
civil toda, ser ejemplos reales (no teóricos o
demagógicos) de transparencia, lealtad a los
valores tradicionales de la cultura nacional e
intransigencia en la defensa de esos principios.
Hacer otra cosa es contribuir aun más a la
pérdida de la fe del pueblo y, como nos enseñó
el más grande de todos los cubanos, “los que no
tienen fe en su tierra son hombres de siete
meses” y “¿Para qué es la fe, sino para
enardecer a los que no la tienen?”.
De ser ciertas las acusaciones de marras (y
ciertas quiere decir en derecho presentación de
pruebas irrebatibles), los responsables
quedarían manchados para siempre con los tristes
sellos de la corrupción, de la traición y de la
ignominia.
De la corrupción, porque habrían caído en lo
mismos hechos que lo que dijeron combatir: es
sencillamente de demagogos condenar lo que
nosotros mismos somos.
De la traición, porque cuando hay cientos de
compatriotas en las prisiones sufriendo penurias
sin cuento, de decenas de miles sin vivienda y
en albergues, de millones con serios problemas
de alimentación etc., lucrar con los pocos
recursos de que disponen para la causa y
embolsillárselos miserablemente, sólo puede
tener un calificativo: traición.
De la ignominia, porque a partir de ahora, y por
la eternidad, padecerán de la afrenta pública
que su actuar les ha ganado.
Por otra parte, pensar que dada la situación
actual es posible estafar campantemente a la
sociedad civil y escamotearle los escasos
recursos para su defensa, ya que nadie pudiera
ser acusado legalmente ante las actuales
autoridades por actos semejantes, es un pensar,
en el mejor de los casos, temerario.
Los que así razonan olvidan que no existen
situaciones eternas. Dentro de un año (o de
diez), las cosas cambiarán y los que no olvidan
(que siempre existen), pudieran entonces
reclamar ante la ley por los hechos de hoy… y la
Ley escucharlos.
La Asociación Jurídica Cubana, que no se ha
subordinado nunca ni jerárquica ni
metodológicamente a personalidad u organización
política alguna dentro o fuera del país, y cuyas
decisiones son tomadas y asumidas por su Junta
Directiva integrada por letrados y estudiantes
actuales de derecho que radican todos en Cuba,
no ignora la desesperanza en que el país está
sumido. Sin embargo, para los juristas, los
pasos lentos pero ascendentes que el Derecho
Internacional Público da para convertir cada vez
más firmemente al individuo en sujeto de ese
Derecho frente al poder, hasta hace muy poco,
omnímodo del Estado, representa una luz cada vez
más brillante al final del túnel.
Por todo lo anterior, los hombres (en sentido
genérico) podemos perder muchas cosas: la
propiedad, el derecho de opinión, la libertad de
viajar y otras, incluyendo la vida. Pero lo que
no podemos perder en ninguna circunstancia es la
dignidad, aunque otros la pierdan.
Que finalice el Maestro: “Cuanto no sea
compatible con la dignidad humana, caerá”.
Dado en la Ciudad de La Habana, el 25 de junio
de 2009.
Junta Directiva
Asociación jurídica Cubana
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